Labores

Margarita teje un edredón azul.

Sentada en un rincón de su cuarto, juntó las madejas de lana gruesa y comenzó a hurdir el tejido con el que espera abrigarse este invierno.

Se siente bien mientras ocupa su cabeza en cualquier cosa que no sean sus tormentos. Con delicadeza y concentración mueve sus pálidas manos, buscando puntos perfectos y paz en aquellas labores.

Eligió el color azul porque así se siente, pese a no estar muy segura de lo que ello signifique. A veces, entre punto y punto, de los ojos de Margarita caen lágrimas.  El resto del tiempo intenta, con gran esfuerzo, dejar de lado las emociones…

Alguna vez sintió que su vida era un eterno naranja. Otra, que sus días eran un sueño púrpura. Esos fueron días felices; fantásticos e irreales como le gustaba identificarlos.

Pero hoy todo era distinto y las cosas oscilan del azúl claro hasta un tétrico color océano, y pareciera que incluso después de la tormenta no encontrará la paz.

Triste como se encuentra, Margarita luce como una flor marchita.

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